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lunes, 13 de noviembre de 2023

El Teatro Español de Madrid festeja sus 440 años

 

Fachada del Teatro Español (Madrid, España)


© Vilma Santillán (texto)

Hace cuatrocientos cuarenta años, en el solar conocido como Corral del Príncipe, los autores del Siglo de Oro español comenzaron a montar sus obras teatrales. Hoy, donde estaba ese Corral, se halla el Teatro Español, el más antiguo de Europa en pleno funcionamiento y sobreviviente de incendios, reformas, epidemias y guerras 

Para celebrar este aniversario se ha organizado una exposición, con entrada libre y gratuita, donde se exhiben programas de mano, la maqueta original del Corral, fotografías de actores y espectáculos, planos y videos. Quienes visiten Madrid podrán recorrer hasta el 14 de julio del año próximo esta muestra que se ha montado en las salas Andrea D’Odorico, Salón de Té y Salón Tirso de Molina del mencionado teatro.

[+ info en: www.timeout.es ]

miércoles, 19 de julio de 2023

El día y la noche en el Museo de la Vida Cotidiana de Ōsaka

 


© Mauricio Rinaldi

Tomo un pincel para pintar con tinta china y evalúo su calidad y su precio. Lo devuelvo a su canasto y miro otros elementos para hacer pintura sumi-é en un local que vende estos artículos. En frente, mi esposa se interesa por unos kimonos y sus diversos accesorios en otro local. Luego nos reunimos en el centro de la calle y continuamos caminando curioseando los infinitos negocios que se suceden a un lado y a otro de una calle peatonal techada de 3 km de Ōsaka. Es la Tenjinbashisuji Shoping Arcade, la más extensa de su tipo en Japón. Se trata de calles comerciales donde los vecinos acuden para realizar sus compras diarias y son comunes en las ciudades japonesas. Toda la vida cotidiana se condensa bajo estos techos que protegen de las incomodidades climáticas. El techado de estas calles comerciales filtra la luz del día tamizándola en una envolvente difusa. Allí se encuentra todo lo imaginable: hay bares y supermercados, vendedores de fruta y carne, farmacias y perfumerías, electrónica y ferretería, ropa y mercería, etc.

Esta galería termina en una avenida con edificios modernos en el área de Umeda de la ciudad de Ōsaka. Ni bien salimos de esta galería entramos en uno de esos edificios y subimos hasta el octavo piso en donde se encuentra el Museo de la Vida Cotidiana de Ōsaka (Ōsaka Museum of Housing and Living). Luego de comprar los tickets de entrada recorremos dos halls de recepción que explican el modo de vida en esta ciudad en el siglo XIX. A continuación subimos por una escalera mecánica y entramos en un salón inmenso donde se ha reproducido un barrio de esa época. Al avanzar por las dos calles que organizan esta mini urbanización podemos ver negocios de comida, talleres de artesanos como encuadernador de libros y costurera de kimonos, así como viviendas tradicionales. Podemos entrar en estas casas que están ambientadas con los objetos correspondientes a cada caso. Algunos visitantes se visten con trajes tradicionales (kimonos, yukatas, haoris, etc.) que allí se alquilan, y se transforman en involuntarios figurantes que contribuyen a ambientar esta escenificación.

Pero lo más interesante es que este espacio está cubierto por un techo curvo en media caña totalmente pintado de blanco. Desde los costados del salón diversas luminarias de LED inundan de luz esta bóveda, constituyendo todo el conjunto un sistema de iluminación indirecta y difusa, al modo de la cúpula Fortuny. Mientras visitamos estas casas entrando y saliendo de ellas y recorremos estas dos calles, la iluminación se modifica lentamente para simular el paso de la luz diurna a una situación nocturna. La claridad del blanco frío se transforma así en una penumbra de azul profundo matizada por puntos de luz cálida provenientes del interior de las casas y de farolitos en las calles. Luego, la iluminación cambia retornando al día en un ciclo que se repite cada treinta minutos. Una pista sonora completa la ambientación con voces y sonidos de la vida diaria.

Al terminar la visita el ascensor nos devuelve a la planta baja y nuevamente estamos en el extremo de la calle techada, donde la tarde ha avanzado y la luz del sol ha cambiado. Las diferencias entre la vida moderna y la tradición del siglo XIX se hacen notorias, pero al mismo tiempo algo las identifica: el ritmo de lo cotidiano bajo la luz.

[+ info en: www.konjyakukan.com]


viernes, 23 de septiembre de 2016

La ópera como antecedente de las industrias culturales (Parte VII)


Escenografía barroca


Este trabajo fue presentado en el XVIII CONGRESO INTERNACIONAL DE TEATRO IBEROAMERICANO Y ARGENTINO, Buenos Aires, 4 al 8 de agosto de 2009.
 
Pero hay en la ópera características y situaciones de su producción que permiten ubicarla como el origen o, al menos el primer modelo, de las industrias culturales. Estas características y situaciones en diversas disciplinas y actividades sociales (tanto artísticas como prácticas o científicas) son condiciones que se dan durante el Barroco, pero surgen en el período anterior del Renacimiento. Sin embargo, es en la ópera donde éstas se articulan de modo particular. Cabe, por ello, presentar el esquema correspondiente.
 
En primer lugar, el teatro del Barroco hereda del Renacimiento las técnicas de representación en perspectiva, las cuales son aplicadas al espacio escénico produciendo gigantescos cuadros en cuyo interior se desplazan los personajes del drama. Entre otros, es Sebastiano Serlio quien publica en 1545 su obra Architettura en cuyo Libro II describe lo que él considera el teatro clásico. Allí describe cómo realizaba las escenografías: combinación de la falsa perspectiva con elementos tridimensionales y bastidores en ángulo, agregando el piso con pendiente, y hace notar que los bastidores frontales deben ser chatos y, por ello, la pintura debe reemplazar con luces y sombras a los volúmenes. También describe máquinas escénicas y modos de iluminar.[1] La perspectiva es una técnica de representación que considera la homogeneidad del espacio, es decir, la equivalencia de todos los puntos que constituyen el espacio (coincidentemente con el punto de vista filosófico-matemático propio del racionalismo).[2] Aplicada a la producción escenográfica, la perspectiva produce lo que se conoce como escenografías de fondo y rompimientos, es decir, un telón de fondo delante del cual se ubican paralelamente otros telones recortados a modo de arcos, permitiendo al espectador ver la profundidad del escenario. La ilusión de profundidad se logra mediante la pintura según las reglas de la perspectiva. Pero también podía disponerse de bastidores laterales que entraban o salían de escena deslizándose desde o hacia los costados por ranuras practicadas en el piso del escenario. El cierre visual entre estos bastidores se lograba por una bambalina que se suspendía en el mismo plano vertical de los bastidores, creando el arco visual. Así, ya no interesa qué tipo de espacio deba representarse; la técnica de realización es siempre la misma, logrando la estandarización formal de la imagen.
 
 


[1] La escena viviente. Historia del teatro universal, p. 84 y ss.
[2] Véase el estudio de Panofsky: La perspectiva como forma simbólica, p. 12 y ss.

viernes, 9 de septiembre de 2016

La ópera como antecedente de las industrias culturales (Parte VI)

Escenografía barroca




Este trabajo fue presentado en el XVIII CONGRESO INTERNACIONAL DE TEATRO IBEROAMERICANO Y ARGENTINO, Buenos Aires, 4 al 8 de agosto de 2009.
 
La ópera como modelo de producción en serie
 
La ópera nace barroca. Si bien los textos de historia del arte y del teatro sitúan su origen durante el Renacimiento, entre 1580 y 1600, en rigor la primera composición de teatro cantado (o dramma in musica) considerada como la primera ópera corresponde a Jacopo Peri: su Dafne, estrenada en Roma en 1594.[1] A estas alturas, el Renacimiento prácticamente ha concluido y comienzan a observarse nuevos conceptos tanto filosóficos como estéticos.
 
Aún cuando las historias del arte y del teatro sitúan su origen a fines del Renacimiento, desde el punto de vista conceptual la ópera es una construcción del Barroco. En efecto, el Barroco es un período durante el cual convive la fuerte voluntad por encontrar un orden de la realidad en el campo de la filosofía (racionalismo) junto a la libre exacerbación de los sentidos en el ámbito del arte (sensualismo). Pero, estas vías de contacto con el mundo, lo racional y lo sensual, no son opuestas (como generalmente se las considera), sino que son dos modos de expresión de un mismo sentir, de un mismo espíritu de época. Por un lado, el sensualismo tendrá su manifestación en un arte recargado, saturado de elementos que “ocupan” cuanto intersticio sea posible. Por otro lado, el cartesianismo no permite pasar de una proposición a otra sin establecer el correspondiente (y necesario) nexo lógico. El horror al vacío se filtra así en todos los órdenes de la vida: un arte recargado de elementos y una filosofía sin “agujeros” proposicionales. En este contexto surge la ópera, también como un arte recargado visualmente.
 


[1] Breve historia de la ópera, p. 15.